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A vida non é un cárcere


COLECTIVOS DE MIGRANTES DENUNCIAN CONTROLOS RACISTAS

Los controles policiales a personas inmigrantes se han convertido en algo cotidiano en las ciudades globales. Personas con un aspecto físico “no blanco” son retenidas en bocas de metro, locutorios, paradas de autobuses o en cualquier calle.

El 28 de mayo, en una plaza del centro de Madrid, decenas de personas salieron a la calle y leyeron ante la prensa varios testimonios sobre los efectos que estos controles tienen en quienes los sufren, y también sobre los abusos que desgraciadamente van asociados a éstos (información disponible en transfronterizo.net).

El acto fue organizado por la Asociación de Sin Papeles de Madrid y por la Red de Apoyo del Ferrocarril Clandestino, una red heterogénea formada por personas migrantes, autóctonas y grupos de apoyo de diferentes barrios.

Los controles de identidad no se reducen al momento del control, tienen un significado complejo y profundo. Por una parte, está por ver hasta qué punto estos controles se amparan en la legislación vigente y, por tanto, cómo ésta puede ser útil para cuestionarlos. Por otra, estos controles no son dispositivos neutros en el terreno subjetivo: producen efectos psicológicos en las personas que los sufren (como miedo y desconfianza), y también en la percepción social de la inmigración.

Es importante distinguir entre una identificación rutinaria de los controles masivos, programados y selectivos a los que nos referimos. No tener papeles es una infracción administrativa, sin embargo, el dispositivo policial (con varias dotaciones, cortes e irrupciones en calles y plazas, antidisturbios, etc.) y el trato general son de tipo penal (detención de hasta 72 horas en comisaría y privación de libertad en el Centro de Internamiento para Extranjeros hasta 40 días). Nadie podría imaginar que por cometer una infracción administrativa como dejar basuras en la calle, a uno le puedan parar, detener y encerrar todo ese tiempo. ¿Por qué esta desproporción cuando comete la infracción alguien que no tiene papeles?

Además, la selección de personas por sus rasgos es especialmente preocupante: atenta contra el principio de no discriminación de toda sociedad democrática.

Las leyes restrictivas diseñadas para regular la inmigración se convierten en el único marco con el que leer las migraciones. Paradójicamente, aunque la ley sea posterior al hecho migratorio, construida y, por tanto, revisable, aparece como un dato incuestionable que justifica las prácticas restrictivas que se desprenden de la propia ley, eliminando la legitimidad para contestarla.

Por otra parte, la misma desproporción de los controles de identidad genera una idea de la inmigración vinculada a la delincuencia, que contribuye a estigmatizarla. Pero, además, la identificación entre migración y mercado de trabajo ha contribuido a su instrumentalización: en tiempos de bonanza se ha requerido su mano de obra, en tiempos de crisis, su expulsión. La combinación de estos elementos parecería justificar socialmente las intervenciones policiales y, sin embargo, ¿por qué las personas autóctonas se siguen inquietando ante estas operaciones?

En primer lugar, porque quienes sufren esos controles no son los otros (personas ajenas, extrañas), sino vecinos, amigas y seres queridos: no son otros, sino nosotros. En segundo lugar, porque la precariedad y la persecución a la que se enfrentan las personas sin papeles suponen un empeoramiento de las condiciones de vida de toda la población: deteriora la convivencia y evidencia el fracaso de una sociedad que se dice basada en el respeto y la igualdad de derechos. En último lugar, porque podemos llegar a encontrarnos en una situación parecida: la posición en el mundo que ocupamos es precaria y cambiante, no definitiva y completa.

Hay, además, una preocupación ética por la sociedad que construimos: si una que toma la igualdad como un principio incuestionable o una basada en la discriminación. Y existe también una responsabilidad histórica: tenemos ejemplos recientes en Europa de segregación racial y exterminio del otro. No queremos que esto se repita.

Los testimonios recogidos por la Asociación de Sin Papeles y el Ferrocarril Clandestino son historias llenas de violencia, de miedo, de persecución, de huida y de lucha por la supervivencia cotidiana y la dignidad. Que paren los controles masivos y selectivos a personas inmigrantes es una condición innegable para poder construir las bases de una sociedad desde la igualdad, los derechos y la libertad. Parece que estamos en la revolución francesa o en las luchas contra la esclavitud, y no, estamos en Europa, territorio global del siglo XXI.