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Xustiza española: Duas varas de medir


ARGALA OU O PATIÑO FEO

Leemos hoy en el periódico DEIA (14-03-2019) que el próximo martes el juez de la Audiencia Nacional (sucesora del Tribunal de Orden Público, TOP franquista) va a tomar declaración a Tasio Erkizia por un supuesto delito de enaltecimiento del terrorismo al lanzar en 2008 vivas en el homenaje a "Argala".

Una vez más se pueden comprobar las dos varas de medir de la Justicia Española y su contradicción con lo que se supone el uso universal de la misma.

José Miguel Oñarán Ordeñana (Argala) no fue condenado por tribunal de Justicia alguno por su pertenencia a ETA, y no lo fue porque ni siquiera fue juzgado. Así pues, su presunta militancia en dicha organización armada es equivalente a la que pudiera tener el Patito Feo del cuento, o yo mismo, que firmo como Aritz, aunque no tengo vinculación alguna con dichas prácticas violentas que considero, dicho sea de paso, nefastas para la acumulación de fuerzas independentistas en Euskal Herria, amén de un lastre social y una práctica inútil que sólo conlleva el sufrimiento de muchos para el aprovechamiento de nadie.

Así pues, gritar "viva Argala" o hacer lo mismo con el Patito Feo, ante la Ley, deben tener el mismo peso toda vez, repito, que su militancia en la organización mencionada no ha sido probada jurídicamente.

Es más. Argala murió como consecuencia de un atentado organizado por un grupo armado que firmó con las siglas de GAL (Grupos Armados de Liberación), algunos de cuyos miembros han sido condenados a pesar de estar vinculados a las fuerzas paramilitares creadas, supuestamente, por los Poderes del Estado en lo que se ha dado en llamar la "Guerra Sucia". De este modo, más que un terrorista, Argala debería ser considerado, en virtud de la universalidad de la aplicación de la Ley, como una víctima de una acción terrorista (o, al menos, de la violencia política), del mismo modo que el torturador franquista Melitón Manzanas o el paladín del franquismo Luis Carrero Blanco han logrado los parabienes de un régimen que se considera a sí mismo como "democrático".

Por otro lado, Argala ejerció de mediación entre el Gobierno Español y la organización ETA a fin de lograr la pacificación y estabilidad política en las Provincias Vascas y Nafarroa. Tal papel de mediación, en caso de haberse llegado a buen puerto, bien pudiera haberle supuesto la concesión del Premio de la Paz (toda vez que su militancia en ETA no está probada jurídicamente y, aunque así fuera, aportó una ayuda inconmensurable para tal objetivo; lo mismo que Arafat para el caso palestino, o Mandela para Sudáfrica). Se quiere, así, juzgar a Tasio Erkizia por lanzar vivas a alguien que no ha sido juzgado, y menos aún condenado por prácticas terroristas y que, en todo caso, intentó solucionar un problema político que arrastra tras de sí demasiado sufrimiento y víctimas por ambas partes.

¿En qué se basa, entonces, la acusación? Presumimos que, al no poseer pruebas, tal y como se ha indicado, se centrará en la presunción de la militancia del difunto y en la asimilación por parte de ciertos núcleos de la población que consideran al personaje como un héroe y modelo a imitar en el convencimiento de que sí militaba en ETA (hecho sin contrastar y, por lo tanto, sin validez jurídica alguna).

Mientras a los asesinos probados de Berrueta se les conmuta la pena, mientras a torturadores condenados se les conceden medallas y puestos de mayor responsabilidad, mientras no se investigan las tramas política de los GAL o financiera del golpe del 23-F, a Tasio Erkizia se le va a tomar declaración por vitorear a una víctima de una acción violenta, eso sí, acorde a los intereses del Estado Español.